Finalizando con los postulados de la sabiduría natural que resguardan nuestra salud física, llegamos hoy al décimo y último precepto. Es fundamental conocerlos y practicarlos día a día, pues ellos te darán una larga vida llena de salud y bienestar. En este sentido, la confianza en el amor de nuestro Creador es la clave una vida saludable y llena de bendición.

Este es el momento para hablar también acerca del último Mandamiento del Decálogo que Dios reveló a Moisés en el Monte Sinaí. Recordemos que los cuatro primeros orientan nuestra relación con Dios y los seis restantes nos guían en nuestra relación con el prójimo.

Los postulados de Sabiduría Natural y los Diez Mandamientos de la Ley de Dios son la fórmula perfecta para una vida sana y feliz, tanto en lo físico como en lo mental y espiritual, y son el salvoconducto para acceder a la Vida Eterna cuando dejemos esta existencia terrenal.

Por eso, nos parece preocupante ver que muchos cristianos no observan estos principios con la debida seriedad, dejándose influenciar por las banalidades de esta sociedad consumista y frívola que los utiliza e intoxica, afectando su equilibrio hasta el punto de convertirlos en despojos humanos a una edad en la cual, todavía el ser humano puede ser productivo, autosuficiente y feliz.

La confianza en Dios debe ser plena

EL DÉCIMO PRECEPTO DE LA SABIDURIA NATURAL se refiere a “Confiar plena y firmemente en el Dios Creador”.

Las leyes de la Sabiduría Natural son el reflejo de la perfección de Dios. Con ellas, Él quiso asegurarnos el equilibrio y la salud física, mental y espiritual para nuestro bienestar, felicidad y libertad, pues al estar sanos de cuerpo, mente y espíritu no necesitaremos de fármacos, médicos o clínicas.

En su plan de reducirnos a ser máquinas de consumo, nuestra sociedad nos incita a confiar más en la ciencia humana que en la sabiduría divina. En lugar de impulsarnos a cuidar nuestra salud haciéndonos responsables de nuestros hábitos de vida, intentan hacernos cada vez más dependientes e irresponsables.

Esto suena duro, pero es una gran verdad: sabemos que las leyes de Sabiduría Natural nos pueden ahorrar dolor y sufrimiento, enfermedades y muerte prematura. Pero, nos cuesta ponerlas en práctica.

La ecuación es clara: cada vez hay más medicamentos y menos salud; hay más información y menos calidad en la convivencia tanto en la sociedad como en las familias; las personas son insaciables en sus deseos de poder pero son cada vez menos honestas.

Pensar que el ser humano desciende del mono no es muy alentador. En cambio si aceptamos que somos obra de El Creador y alimentamos la confianza en él, como lo explica la Biblia en Génesis 1:25,26: “Hizo Dios a los animales de la tierra según su género… Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza….”, entonces descubriremos que nuestro destino es ser cada vez más semejantes a nuestro Padre Celestial y a su Hijo amado Jesucristo.

Muchos creyentes de diversas religiones no dan testimonio de su fe con sus actos, pero manteniendo la premisa de no juzgar, simplemente diremos que cada quien tendrá que rendir cuentas el día del Juicio Final, pues en esta existencia terrenal la justicia está muy desprestigiada y quienes tienen el poder dan los peores ejemplos.

Nuestro Padre Celestial respeta el libre albedrío, es decir, no obliga a nadie a cumplir Su Santa Voluntad. Sabemos que por Justicia Divina, cada quien recibirá los frutos de lo que haya sembrado en pensamiento, palabra y obra.

Digo estas cosas porque mi responsabilidad ante el Universo, además de curar el cuerpo, es también vigilar vuestra salud de mente y espíritu, pues de lo contrario estaría condenándome a mí mismo.

DÉCIMO PRINCIPIO RESPALDADO EN LA PALABRA DE DIOS.

Dice la Biblia en Éxodo 20:17: “No Codiciarás la casa de tu Prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.

Como ya mencionamos, en el Catecismo se eliminó el 2º Mandamiento tal y como aparece en Éxodo 20:4-6: “No hacer imágenes ni honrarlas”. De igual manera se cambió el 4º Mandamiento expresado en Éxodo 20:8-11: “Acuérdate del día de Sábado para santificarlo”; actualmente el Catecismo expresa simplemente “Santificar las Fiestas”.

El Décimo Mandamiento entonces fue dividido en dos: “No codiciarás los bienes ajenos”, y “No codiciarás la mujer de tu prójimo”. Ten la confianza en que Dios te da todo lo que necesitas.

Según la Biblia, nuestra obediencia debe estar orientada hacia las cosas de Dios y no hacia los caprichos de los hombres. Sin embargo, gracias a esta división del Décimo Mandamiento, ahora tenemos nueve Mandamientos en lugar del Decálogo original.

La reflexión del apóstol Pablo en Romanos 7:7 expresa: “¿Qué diremos, pues? ¿La Ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la Ley; porque tampoco conociera la codicia, si la Ley no dijera: “No Codiciarás” Y luego agrega en Ap.22:18,19: “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro (refiriéndose a La Biblia): Si alguno añadiera algo a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro”.

Esto quiere decir que en la Biblia misma nos avisa y se nos advierte que no se debe cambiar nada de lo que Dios ha dicho.

CONCLUSIÓN

La única forma de sanar que Dios aprueba es la Ley de Sabiduría Natural, que es directa, simple y santa, basada en los principios de la Naturaleza que no intoxican ni desequilibran nuestro organismo, como ocurre en cambio con los fármacos y químicos en general.

Recuérda:

1. Aire puro.

2. Luz Solar

3. Agua pura

4. Alimentación adecuada

5. Ayuno y abstinencia

6. Ejercicio físico

7. Descanso o reposo

8. Higiene física

9. Higiene mental

10. Plena confianza en Dios

Éstos son los principios que nos mantendrán en óptimas condiciones de salud física, mental y espiritual; están todos al alcance de nuestras manos y de nuestra voluntad. Algunos son gratuitos y otros de muy bajo costo, pero sus beneficios no tienen precio.

Por eso, no desmayéis en vuestros esfuerzos por conocer y aplicar los beneficios de la Ley de Sabiduría Natural. CRA.355 “Consejos sobre el Régimen Alimenticio” de E. G. de White.

Si desea un tratamiento personalizado, no dude en contactarnos mediante el Formulario de Consulta, escríbenos a ecosma@reformaprovita.com o llama al 0034/671688019.

¿Te gustó? ¡Compártelo!