Ya nos estamos acercando al final de los postulados de Vida Saludable y de los Diez Enunciados o Mandamientos de la Ley Moral, no sin antes recordar que estas sugerencias son para reflexionarlas y cumplirlas, ya que además de traer excelentes beneficios a su vida le convertirán a usted en una influencia positiva para otros; de esa manera contribuiremos a que el mundo sea cada vez mejor. Por ello, hoy estaremos hablando de la higiene mental.

Poner en práctica este plan para una existencia armoniosa va a requerir  de una gran fuerza de voluntad; muchos van a tentarle sembrando dudas acerca de la eficacia de estos Principios. Pero si usted se ha preparado pidiendo ayuda a Dios, Él le dará sabiduría, voluntad, fe y la entereza necesaria para llevarlo a cabo.

Poco a poco usted irá notando los resultados y se irá percatando de la admiración de quienes le rodean. Pero sobre todo, estará agradando a Dios y cultivando méritos para poder formar parte de Su Reino para toda la Eternidad.

A qué llamamos Higiene Mental

EL NOVENO PRECEPTO DE SABIDURÍA UNIVERSAL se refiere a la higiene mental, que se suma al principio expuesto anteriormente, relacionado con la higiene de nuestro cuerpo físico.

Los buenos hábitos de higiene mental nos permiten vivir de forma positiva, y la guía para no extraviar el camino es vivir de acuerdo a los Diez Enunciados que Moisés recibió de Dios en el Monte Sinaí.

Recuerda que el ser humano está conformado por cuerpo, mente y espíritu; no podemos decir que tenemos salud cuando alguno de estos tres aspectos no está siendo debidamente atendido.

Vivimos en una sociedad enferma y adicta. Angustia, depresión, ansiedad y estrés, son sólo algunos de los problemas psicológicos que nos afectan día a día, y para contrarrestarlos las personas usan y abusan de distintas drogas, como el alcohol, tabaco, somníferos y demás tranquilizantes.

Dios es tu guía para lograr una higiene mental

En el texto bíblico, podéis encontrar los Diez Enunciados o Mandamientos en Éxodo: 20,1-20. Su contenido se puede dividir en dos importantes grupos: el primero conformado por los primeros cuatro mandamientos, relacionados con nuestros deberes hacia Dios, y el segundo conformado por los seis restantes, relacionados con nuestros deberes hacia el prójimo.

Para que exista un verdadero equilibrio en nuestra vida y en nuestra sociedad es importante conocer y seguir tanto la Ley Física como la Ley Moral; ambas por igual.

Lamentablemente, todavía existen muchos cristianos que no cumplen estos preceptos y mandamientos, lo cual ha generado muchos problemas y enfermedades mentales y físicas en nuestro mundo actual

La forma en que vivimos depende de la forma en que pensamos; por ello es tan importante cultivarnos en los principios sanos y santos de la vida virtuosa y saludable.

“Mente sana en cuerpo sano”. Si estamos en óptimas condiciones físicas también tendremos una mente lúcida que nos permita tener un discernimiento claro de lo que está bien y lo que está mal.

La agudeza mental, la fuerza física, la longevidad con calidad de vida, son el resultado de observar fielmente las leyes naturales. El Dios Creador de todo y de todos no interviene a favor de quienes actúan en contra de estos sabios principios inmutables. Te en cuenta que con tus acciones diseñas tu destino.

PRECEPTOS DE LA LEY MENTAL Y ESPIRITUAL. NOVENO MANDAMIENTO.

En Éxodo, 20: 16 se puede leer: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. Más adelante en Éxodo, 23:1:“No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso”. En Levítico, 19:11: “No engañaréis, ni mentiréis el uno al otro”, y Mateo, 19:18:“No dirás falso testimonio”.

En principio todos estamos signados por el pecado y condenados por toda la eternidad; pero podemos ser redimidos si aceptamos que somos pecadores y reconocemos a Jesús como nuestro salvador.

Vivir de acuerdo a lo que Dios desea de nosotros tiene que ver con cumplir sus deseos en relación con lo que afecta a nuestro cuerpo físico, cuidando nuestra alimentación y nuestros hábitos, pero incluye también todo lo que tiene que ver con la salud mental y con la ley moral.

Una mente lúcida sabe que Dios es el único Juez; por eso quien se está cultivando para la salvación no juzga, no critica, no condena. El Creador conoce todos y cada uno de nuestros corazones y juzgará a cada quien con su justicia que es perfecta.

Recordemos las palabras de Jesús: “No juzguéis para que no seáis juzgados, no condenéis para que no seáis condenados, perdonad y seréis perdonados, porque con la vara que midáis seréis medidos”.

Nuestra tarea en el camino de la salvación es amar a todos, perdonar y hacer el bien incluso cuando hayamos recibido un mal. Sólo de ese modo sabremos que estamos en el sendero correcto.

CONCLUSIÓN

Todo lo que hacemos en nuestra vida cotidiana debe hacerse con lucidez y conciencia, aun cuando se trate de cosas tan sencillas como comer, beber o vestirse, ya que todas ellas tienen consecuencias en nuestra salud si se realizan desconociendo las leyes naturales para una vida sana, y la consecuencia de ello será la enfermedad.

Nuestro mayor tesoro es la vida. Por eso, al respetar los deseos de Dios, reflejados en sus leyes naturales, estamos cumpliendo con el deber más importante hacia nuestro Creador, hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes, pues quien enferma y muere prematuramente por no observar estos preceptos genera penas y sufrimiento en quienes le rodean.

Hay que recordar que el secreto para preservar la salud es la Temperancia, es decir, la moderación en todas las cosas buenas, pues las cosas malas hay que evitarlas por completo.

Trabajar, comer o beber son cosas buenas, pero si se llevan a cabo con excesos, estaríamos actuando con Intemperancia, alterando la frecuencia de nuestra energía y generando consecuencias negativas en nuestra salud y en nuestra vida en general.

Las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, y Él nos las ha dado para el logro de nuestro mayor bienestar físico, mental y espiritual. Ese es el objetivo final de la Reforma Higiénica: obedecer estos principios nos garantiza una vida feliz, tanto en el presente como en el futuro, para gloria de Dios. CRA. 23,25

¿Te gustó? ¡Compártelo!